El Gobierno de Estados Unidos ha autorizado temporalmente la compra de petróleo ruso que ya se encuentre cargado en buques en alta mar, en un intento de aliviar la tensión en el mercado energético internacional tras el fuerte encarecimiento del crudo provocado por la crisis en el Estrecho de Ormuz.
La decisión ha sido anunciada por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, quien explicó que la licencia permitirá que distintos países adquieran cargamentos de petróleo ruso que ya están en tránsito marítimo y que, en muchos casos, permanecen bloqueados o sin comprador debido al actual contexto de sanciones.
Según el responsable del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, la medida tiene un alcance limitado y busca ampliar temporalmente el suministro disponible en el mercado internacional sin generar beneficios significativos para Rusia.
“Esta autorización solo afecta al petróleo que ya está en tránsito y no supondrá ingresos relevantes para el Gobierno ruso”, aseguró Bessent, quien recordó que Moscú obtiene la mayor parte de los ingresos energéticos a través de impuestos aplicados en el momento de la extracción.
La decisión llega en plena escalada de precios del petróleo, agravada por el conflicto abierto entre Irán, Israel y Estados Unidos, que ha reducido el tráfico marítimo en el estratégico estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del planeta.
La incertidumbre en esta ruta ha disparado la cotización del crudo en las últimas semanas. El barril de referencia europea, Brent Crude Oil, llegó a acercarse a los 100 dólares, mientras que el West Texas Intermediate, referencia en el mercado estadounidense, también ha registrado fuertes subidas.
Desde la Administración del presidente Donald Trump defienden que el encarecimiento del petróleo será temporal y que, a largo plazo, las políticas energéticas impulsadas por Washington —centradas en aumentar la producción nacional— ayudarán a estabilizar el mercado.
Mientras tanto, la apertura parcial a estos cargamentos rusos refleja la creciente preocupación de la Casa Blanca por evitar una crisis energética global si persisten las tensiones en Oriente Próximo.