Lo que ayer se vio a las puertas del Senado es otro esperpento más de los que a diario nos brindan determinados personajes de la vida pública. A Sarah Santaolalla, tertuliana en TeleSanchez y novia del periodista Javier Ruiz (el amigo filosocialista del ínclito Cintora), se la vio ayer entre gente de codo fácil, esquivando el impulsivo micrófono de Vito Quiles.
Había allí varios tipos gordos que empujaban a Quiles para espantarlo del camino santaolallesco. Ella gruñía: «¡Hombree, botosquiles!».
A ella se la ha visto posando con Marlaska en un acto del PSOE. Adoran en el partido la contundencia con que suelta naderías bañadas en sueldos agradecidos para decir nada o, a lo sumo, tirar de frases hechas, todas recurrentes, monolíticas y prosanchistas.
Su novio, Javier Ruiz, ha hecho méritos para que el PSOE le haya dado muchas horas de televisión para castigar recurrentemente a Mazón al mismo tiempo que distintas resoluciones judiciales ponían al hermanísimo y a la esposa del número 1 en la picota judicial. Por corrupción.
Ese aparente guerrerismo de Sarah que asoma en sus labios, se ha hecho famosa, (Jiménez Losantos lo menos que dice de ella es que es tonta hasta las tres y después todo el día), pero entre los socialistas más radicales alaban su fuerza en no saber qué decir el día que no se puede decir nada.
El ex alcalde sevillano Juan Espadas se erigió en el primer caballero en la defensa de Sarah. A Quiles lo zarandeaban y le empujaban espontáneos escuderos de la novia de Ruiz, que no dejaba de decirle, «botoquiles». Al parecer, Quiles ha confesado que se ha puesto de eso en la cara.
Ellos sabrán de qué va la cosa, pues la polémica tertuliana lleva una semana, o más, utilizando sus teles para decir que Vito Quiles la tiene acosada; es decir, que la sigue en coche hasta su casa y que la espera a las puertas de su trabajo en televisión.
Ayer, a las puertas del Senado, se miraron de todo…
Pero no ha trascendido ninguna imagen en la que Vito agreda a Sarah. Sí aparece un tipo gordo que empuja por detrás a Vito y este indirectamente choca casi tangencialmente con el brazo izquierdo. Si hay alguna agresión, no es de Quiles a Sarah, es de los adláteres de esta con el incómodo preguntador. Basta ver los vídeos.
Más tarde, en otro vídeo, la tertuliana se muestra con ese mismo brazo en cabestillo. Y dice que ya se han pasado todos lo límites y que va a denunciarlo. «Me está pegando ese tío», dice la tertuliana. Vito está a dos metros, sujetado por policías y senadores y los gordos.
Si las pruebas de la agresión están contenidas en los vídeos que han trascendido, puede estar Vito Quiles tranquilo. Esa denuncia no irá a ningún sitio. Santaolalla es de las pregoneras de que no hay denuncias falsas. Si la suya cree que es real, solo ella lo sabe en lo más interior de su alma. Si alguien salió trasquilado, a juzgar por los vídeos, no es ella, es Vito Quiles.
Los vídeos sí muestran a los acompañantes de Sarah, con el senador Espadas sacando pecho, empujar a Quiles para sacarlo del camino de Sarah.
Todo un esperpento a las puertas del Senado, con la policía apartando a Vito de la gente de Sarah, que por debajini le hacen de todo.
Es verdad que lo tienen majado a desprecios, y ya no es que no le respondan, ahora hasta lo insultan, a un Vito Quiles que, con sus crudas preguntas, tiene a todos cabreados, pero lleva tiempo perdiendo la perspectiva.
No es periodismo Vito enfrascarte a y tu más fea con Santaolalla porque no quiere responderte a nada y paralelamente quiere evitar que hagas un show en Tik Tok con sus silencios y ademanes.
Pero, ojo, no es periodismo endilgarle a una entrevistada díscola, por muy lianta que pueda ser, que lo es, «que su novio tiene 30 años más que ella». En realidad se diferencian en 25 años, según la wikipedia.
Si te ningunean, luego no te quejes. Has hecho bien cuando preguntabas lo que otros eludían, pero ahora estás desbarrando y alejándote del periodismo. Dices que vas a denunciarla por denuncia falsa. Y ella a ti, por una agresión invisible. Alea jacta est.