¿Sabes quién es María Elena Merengue? V.-: El veneno de la ambición

28 de febrero de 2026
2 minutos de lectura

«La avaricia es un pozo sin fondo que agota a la persona en un esfuerzo interminable de intentar satisfacer una necesidad que, por su naturaleza, no alcanza nunca la satisfacción.» — ERICH FROMM.

PREÁMBULO:

Concluyendo este ciclo de análisis clínico inspirado en la caída de las «Marías Elenas» del poder judicial —especialmente aquellas que, por su ambición desmedida, fueron finalmente destituidas y sentenciadas—, abordamos hoy la psicopatía instrumental. Si una jueza o alta funcionaria es capaz de vender una sentencia, un cargo o la libertad de un ser humano por lucro personal, es porque ha deshumanizado al prójimo por completo. En este cierre de serie, analizamos el narcisismo financiero: esa hambre de opulencia que lleva a una mujer a traicionar sus juramentos sagrados y su propia humanidad por un puñado de monedas manchadas de injusticia.

ANAMNESIS

 La galería de la infamia judicial en la historia de la humanidad tiene un espacio reservado para aquellas figuras que convirtieron la sagrada administración de justicia en una oficina de transacciones mercantiles y extorsión. El arquetipo de María Elena Merengue, en su faceta más cruda de «jueza mercenaria» o depredadora financiera, representa la forma más pura de la psicopatía instrumental. En este nivel de degradación moral, ya no hay ideologías, ni mesianismos, ni causas políticas; lo que hay es un cálculo de costo-beneficio frío donde la libertad humana, la propiedad privada y el patrimonio ajeno son simples mercancías sujetas a subasta al mejor postor. La muerte civil, la ruina de una empresa o el dolor de una familia son vistos exclusivamente como «trámites administrativos» necesarios para alcanzar la opulencia y el estatus deseado. La víctima no es una persona; es un activo por liquidar.

La característica medular que define a este arquetipo es la simulación emocional profesional. El psicópata instrumental es un actor consumado de método. Puede fingir principios inquebrantables, ética puritana e indignación ante la corrupción mientras, simultáneamente, negocia el precio de una sentencia en la oscuridad de una oficina. Su rasgo más inquietante es su paciencia depredadora: puede esperar años, escalando posiciones con un perfil bajo y simulando una ética impecable, hasta que el botín acumulado es lo suficientemente grande como para arriesgarlo todo. No existe conexión emocional alguna con sus víctimas; existe una deshumanización radical. El narcisismo financiero le otorga un sentido de merecimiento desproporcionado: ella cree que nació para el lujo asiático y que cualquier método, por vil que sea, para obtenerlo es simplemente una muestra de su «inteligencia superior» frente a los «honestos estúpidos». En su psique, el dinero es la única llave que sacia temporalmente su vacío existencial.

Para esta María Elena Merengue, la ley no es el marco de convivencia, sino un estorbo que se sortea con habilidad mediante el soborno, la amenaza o la extorsión judicial. Se mira al espejo cada mañana y no ve a una delincuente con toga, sino a una estratega exitosa y pragmática que «supo aprovechar las fallas del sistema». El rastro que deja tras de sí es una estela de cenizas financieras, empresas quebradas ilegalmente, familias despojadas de su sustento y un sistema judicial herido de muerte en su credibilidad. Su final suele llegar cuando su propia arrogancia mental la hace cometer errores elementales de primaria, convencida de que su red de protección política es eterna e invulnerable. Es la traición definitiva a la confianza pública; es la prueba fehaciente de que cuando el narcisismo se une a la psicopatía por el motor del dinero, el tribunal deja de ser un templo de justicia para convertirse en una cueva de depredación insaciable, sin importar que, al final del día, arda Troya.

«No se puede tener un gran éxito sin una gran ambición, pero la ambición que carece de ética es simplemente un crimen que ha tenido éxito temporalmente.» — HONORÉ DE BALZAC.

Doctor Crisanto Gregorio León

Profesor Universitario

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