El Real Madrid afronta un partido clave en Lisboa con una preocupación añadida. Aurélien Tchouaméni y Dean Huijsen llegan apercibidos al encuentro de ida del ‘playoff’ de la UEFA Champions League ante el SL Benfica. Si ven una tarjeta amarilla, no podrán disputar la vuelta en el Santiago Bernabéu la próxima semana.
En una eliminatoria que se prevé intensa y equilibrada, la gestión emocional será tan importante como la táctica. El reglamento establece que tres amarillas suponen suspensión en esta fase del torneo. La amenaza es real para ambos futbolistas, que son piezas disponibles y relevantes para el técnico Álvaro Arbeloa en este momento de la temporada.
Tchouaméni aporta equilibrio, capacidad física y lectura táctica en el centro del campo. Es el futbolista que suele sostener al equipo cuando el ritmo se acelera o cuando el rival presiona alto. Por su parte, Huijsen representa juventud y firmeza en defensa. El central ha ido ganando minutos y confianza, y su presencia es clave ante un Benfica que destaca por su velocidad en transición.
Otros jugadores también acumulan amonestaciones, pero el contexto reduce el riesgo inmediato. Jude Bellingham, con dos tarjetas, no estará en la ida por lesión. Raúl Asencio y Rodrygo ya deben cumplir sanción tras su expulsión en el último encuentro de la fase de liga. Por ello, el foco se centra especialmente en Tchouaméni y Huijsen.
El escenario no es sencillo. El Benfica convierte su estadio en un entorno exigente. La presión ambiental, la intensidad del rival y el peso de la competición pueden provocar acciones al límite. En ese contexto, mantener la concentración será determinante.
Arbeloa deberá encontrar el equilibrio entre competir con agresividad y evitar riesgos innecesarios. Una amarilla temprana condicionaría el planteamiento del jugador afectado. En partidos de alto nivel, cada entrada y cada protesta cuentan.
Para el Real Madrid, la vuelta en el Bernabéu es un factor estratégico. Perder a uno de estos dos futbolistas podría alterar la estructura del equipo en el momento decisivo de la eliminatoria. Por eso, más allá del resultado en Lisboa, el club piensa en la gestión global del cruce.
El vestuario es consciente de la situación. La Champions exige intensidad, pero también inteligencia. Tchouaméni y Huijsen deberán medir cada acción sin perder contundencia. Es un reto mental además de físico.
En noches europeas, los detalles marcan diferencias. Una tarjeta puede cambiar el rumbo de una eliminatoria. El Real Madrid quiere salir reforzado del primer asalto en Portugal. Para lograrlo, necesitará firmeza atrás y cabeza fría en el centro del campo. El margen de error es mínimo.