La Real Sociedad firmó una noche de carácter en San Mamés. En un escenario cargado de historia y rivalidad, el conjunto donostiarra logró imponerse por 0-1 al Athletic Club en la ida de semifinales de la Copa del Rey, dando un paso importante hacia la gran final.
El equipo “txuri urdin” no solo se llevó el resultado. Se llevó también la sensación de superioridad en muchos tramos del encuentro. Desde los primeros compases mostró una idea clara: controlar el balón, imponer ritmo y no dejarse arrastrar por la intensidad local. El Athletic intentó presionar alto y contagiarse del empuje de su afición, pero la Real respondió con calma, personalidad y precisión.
Las ocasiones más claras del primer tiempo fueron visitantes. Un mano a mano que obligó al guardameta rojiblanco a intervenir con acierto y un remate franco tras acción a balón parado dejaron claro que el gol estaba más cerca del lado donostiarra. Incluso antes del descanso hubo espacio para la polémica en el área, pero el marcador no se movió.
La sensación al término de los primeros 45 minutos era evidente: la Real estaba más cómoda sobre el césped, dominando los tiempos y encontrando mejores espacios. En un duelo tan igualado sobre el papel, esos pequeños detalles marcan la diferencia.
La segunda parte arrancó con la misma inercia. La Real salió decidida a dar un golpe definitivo y rozó el tanto en una doble ocasión clarísima que terminó estrellándose en el poste. Fue el aviso previo a lo inevitable.
El único gol del partido llegó superada la hora de juego. Un error en la salida de balón del Athletic permitió a los visitantes generar una acción rápida y vertical que culminó Beñat Turrientes, empujando el balón a la red. Un tanto que silenció por momentos San Mamés y que reflejó la insistencia y la fe del conjunto guipuzcoano.
Durante varios minutos, el Athletic quedó tocado. Intentó reaccionar con cambios ofensivos y más presencia en campo rival, pero le costó generar peligro real. Algún remate aislado mantuvo la tensión, aunque sin la contundencia necesaria para igualar el choque.
El 0-1 no sentencia la eliminatoria, pero coloca a la Real en una posición privilegiada. La vuelta se disputará en el Reale Arena, donde el conjunto donostiarra contará con el apoyo de su afición y con la ventaja obtenida en Bilbao. El Athletic, por su parte, necesitará ganar para aspirar a estar en la final de La Cartuja.
Más allá del marcador, esta victoria refuerza la confianza y la ambición de una Real que sueña con volver a levantar el trofeo. San Mamés cayó del lado blanquiazul. Ahora, el desenlace espera en San Sebastián. Y la ilusión está más viva que nunca.