El flamenco despide a una de sus voces más libres y rompedoras. Rafael Amador, músico, guitarrista y cantaor sevillano, ha fallecido a los 66 años, dejando un legado que marcó un antes y un después en la historia de la música española. Su familia confirmó la noticia este lunes a través de un mensaje cargado de emoción, en el que lo definieron como el maestro, el príncipe gitano, el creador de una fusión irrepetible.
Su partida no solo conmueve a quienes lo siguieron durante décadas, sino también a toda una generación de artistas que encontraron en su obra una forma distinta de entender el flamenco: sin fronteras, sin miedo y profundamente auténtico.
Nacido en Sevilla, Rafael Amador fue mucho más que un intérprete brillante. Fue un innovador. Junto a su hermano Raimundo Amador, y con la complicidad creativa de Kiko Veneno, dio forma a proyectos que hoy son considerados históricos. Entre ellos destacan Pata Negra y Veneno, bandas que revolucionaron el panorama musical en los años 70 y 80.
Su propuesta fue arriesgada para la época. Mezcló el flamenco más profundo con el rock, el blues y sonidos urbanos, creando una fusión adelantada a su tiempo. A ese estilo propio lo llamaron blueslería, una palabra que hoy forma parte del imaginario cultural de la música española.
Rafael no buscaba agradar a todos. Buscaba decir verdad. Y eso lo convirtió en una figura tan admirada como incomprendida en algunos momentos de su carrera. Aun así, su influencia fue creciendo con los años, hasta consolidarse como un referente indiscutible.
La familia de Rafael Amador lo despidió con un mensaje profundamente simbólico: “Dios canta hoy de alegría porque llega el maestro”. Una frase que resume bien lo que significó su figura: arte, duende y libertad.
Su música sigue viva en discos que no envejecen y en artistas que continúan explorando caminos gracias a su atrevimiento. Rafael demostró que el flamenco podía dialogar con otros géneros sin perder su esencia, y que la tradición no está reñida con la evolución.
Hoy, el flamenco y la música española pierden a un creador irrepetible, pero ganan un legado que seguirá sonando. Porque hay artistas que se van, y otros que se quedan para siempre en la memoria colectiva. Rafael Amador pertenece, sin duda, a los segundos.