La libertad del pensamiento frente al autoritarismo en el recinto universitario

4 de febrero de 2026
2 minutos de lectura
Entre la libertad académica y el respeto a la dignidad humana

«La cátedra es el último refugio de la civilización contra la barbarie del pensamiento único; quien la profana con soberbia, traiciona el futuro.» Doctor Crisanto Gregorio León

La autonomía de cátedra no debe interpretarse como un concepto insular o un privilegio estamental, sino como una garantía institucional de orden constitucional que protege el proceso de búsqueda y transmisión de la verdad. En su esencia, representa la inmunidad del docente frente a las injerencias del poder político, económico o institucional que pretendan instrumentalizar el saber. No obstante, esta libertad fundamental corre el riesgo de ser desvirtuada cuando se confunde con una suerte de soberanía absoluta que ignora los límites éticos y los derechos fundamentales de los estudiantes.

Históricamente, la universidad ha sido el espacio donde la ilación de las ideas debe fluir sin más censura que la que impone el rigor científico y la lógica. Sin embargo, en la práctica contemporánea, asistimos a una preocupante metamorfosis: el uso de la cátedra como un escudo para el ejercicio de un poder autocrático. Cuando el aula se transforma en un escenario de humillación o de imposición ideológica, la autonomía deja de ser una garantía de libertad para convertirse en un instrumento de opresión. La verdadera libertad académica exige un compromiso inquebrantable con la alteridad, reconociendo en el alumno no a un receptáculo pasivo, sino a un sujeto de derecho cuya dignidad es inviolable.

Desde la perspectiva de la filosofía del derecho y la praxis pedagógica, la autonomía de cátedra encuentra su límite natural en el respeto a la integridad moral. Un profesor que utiliza su preeminencia para el acoso moral o el menosprecio del discente incurre en una desviación de poder. La academia debe ser el santuario de la duda metódica y el debate elevado, no un tribunal de inquisición donde se castiga la discrepancia. La excelencia académica es incompatible con la arrogancia; quien posee la autoridad del saber debe ejercerla con la humildad del servidor público, entendiendo que el conocimiento es un bien común y no una propiedad privada.

Es imperativo que las instituciones universitarias velen por un equilibrio simbiótico: proteger la libertad del docente para investigar y enseñar según su conciencia, pero garantizando simultáneamente un entorno libre de violencia psicológica. La ilación entre el derecho a enseñar y el deber de respetar es el único camino para preservar el prestigio de la institución universitaria. Solo a través de una cátedra libre, responsable y profundamente humana, podremos formar a los juristas y ciudadanos que la sociedad española y venezolana demandan para enfrentar los retos de un siglo que no admite más dogmatismos.

«El primer paso de la sabiduría es la humildad; el segundo, la duda; y el tercero, la libertad de cátedra para expresarlas.» Erasmo de Rotterdam

Doctor Crisanto Gregorio León – Profesor Universitario

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