A sus 38 años, el tenista serbio Novak Djokovic cuenta con una carrera legendaria que contrasta con una infancia marcada por las dificultades económicas, la guerra y la incertidumbre, un contexto en el que ni él ni su familia podían imaginar el alcance de su futuro.
Desde muy pequeño, Djokovic soñó con ser tenista, aunque crecer en Serbia no fue sencillo. En una entrevista recordó cómo la escasez formaba parte de su día a día: “Cuando era niño en Serbia, cada mañana a las cinco de la madrugada nos tocaba esperar en la cola para coger pan y leche”. Aquellas experiencias, según ha reconocido, le enseñaron el valor de la solidaridad y de no olvidar nunca sus orígenes.
La guerra de los Balcanes dejó recuerdos imborrables en su infancia. En declaraciones al diario La Nación, relató episodios de auténtico terror, como las noches interrumpidas por las sirenas antiaéreas: “Te despiertas en mitad de la noche, coges un bolso y bajas al sótano del edificio para intentar refugiarte”. El tenista describió escenas de pánico familiar que marcaron profundamente su carácter y su fortaleza mental.
A pesar del miedo constante, Djokovic seguía entrenando y soñando con el tenis. Recordó con crudeza el día que cumplió 12 años y vio aviones bombardear a plena luz del día: “Las alarmas empiezan a sonar y ves el avión lanzando cohetes… y piensas: ‘¿Qué puedo hacer?’”. Esa sensación de impotencia convivía con su determinación por salir adelante.
El apoyo de su familia fue clave, especialmente el de su padre, que creyó en él incluso más que el propio Novak. “Mi padre, al principio de mi vida, a menudo creía más en mí y en mis capacidades que yo mismo”, confesó. Tanto era así que, cuando anunciaron que querían llegar a ser número uno del mundo, fueron “el hazmerreír” dentro y fuera de su país.
Ese respaldo tuvo un coste enorme. Djokovic reveló que su padre tuvo que endeudarse con prestamistas para financiar su carrera, aceptando intereses desorbitados. “Apretó los dientes, les dio la mano y dijo: ‘Está bien, encontraré la manera de devolverlo’”, recordó. Hoy, convertido en uno de los mejores tenistas de la historia, Djokovic demuestra que aquellos sacrificios valieron la pena y deja claro que aún se siente con fuerzas para seguir compitiendo al máximo nivel.