El mercado de alquiler residencial de larga duración cerró 2025 con una caída del 4,7% en la oferta, lo que supone la pérdida de 33.418 viviendas disponibles respecto al año anterior. Barcelona encabeza esta disminución, con más de 11.500 inmuebles menos, mientras que el precio medio del alquiler alcanza los 1.184 euros mensuales, un incremento del 5,9% que marca una desaceleración frente al 11,3% de 2024.
Según el Observatorio del Alquiler de la Fundación Alquiler Seguro, la presión de la demanda se mantiene en niveles elevados. Cada vivienda que sale al mercado atrae de media a 135 interesados en apenas diez días, frente a los 124 registrados en 2024. Ciudades como Barcelona alcanzan cifras récord, con 462 contactos por inmueble, y siguen de cerca Girona, Baleares, Vizcaya, Las Palmas y Zaragoza.
Aunque la subida de precios se ha moderado, sigue impactando especialmente en los grandes núcleos urbanos. Barcelona, Madrid y Málaga presentan rentas medias de 1.643, 1.584 y 1.269 euros, respectivamente, mientras que provincias con mercados más baratos, como Ciudad Real, Zamora, Asturias y Zaragoza, registran incrementos de hasta el 13,9% debido al descenso de la oferta.
El informe también apunta a un fenómeno de “desplazamiento de la presión de la demanda”: ciudades cercanas a los grandes núcleos metropolitanos, como Toledo y Guadalajara, reciben el flujo de inquilinos expulsados por los altos precios, mientras que territorios como Tarragona y Girona muestran tensiones propias ligadas a su actividad industrial y declaratoria de zonas de mercado tensionado.
En cuanto al stock, aunque el ritmo de caída se ha moderado, la escasez sigue presente. Sevilla pierde un 13% de su oferta, mientras que Madrid y Málaga mantienen cifras estables. En Canarias, Santa Cruz de Tenerife registra un aumento del 6,3% en la oferta, pero Las Palmas sufre retrocesos que mantienen al mercado bajo mínimos.
En conjunto, España cerró 2025 con 683.920 viviendas activas en el mercado de alquiler de larga duración, un reflejo de un mercado marcado por la saturación, la presión de la demanda y la escasez de inmuebles en los grandes núcleos urbanos.