El Abierto de Australia entra en su fase decisiva y el foco está puesto en una semifinal de alto voltaje. Carlos Alcaraz se enfrenta a Alexander Zverev con un mensaje claro y directo: para vencerle, su rival deberá emplearse a fondo. No es una frase lanzada al azar, sino el reflejo de la confianza con la que el murciano llega a este momento clave del torneo.
Tras superar con autoridad los cuartos de final, Alcaraz se mostró consciente del reto que tiene por delante. Reconoce el gran nivel de Zverev, al que define como un jugador sólido, agresivo y muy competitivo, pero también deja claro que se siente preparado. “Va a ser una gran batalla”, admite, en un duelo que promete intensidad, ritmo alto y puntos largos, de esos que definen las grandes noches del tenis.
El respeto entre ambos tenistas es evidente. Alcaraz ha seguido de cerca el recorrido de Zverev en el torneo y no duda en calificar su rendimiento como impresionante. Además, recuerda un entrenamiento reciente entre ambos que ya dejó pistas de lo que puede ocurrir sobre la pista: igualdad, exigencia física y concentración máxima desde el primer punto, según Europa Press.
La semifinal del Abierto de Australia no solo enfrentará estilos diferentes, sino también dos mentalidades ganadoras. Zverev llega con un tenis muy agresivo cuando encuentra su momento, mientras que Alcaraz apuesta por la variedad, la intensidad constante y una lectura del juego cada vez más madura. El español lo tiene claro: sabe lo que debe hacer y confía en su plan. “Voy a estar listo”, afirma, con la tranquilidad de quien se siente en control de su juego.
El camino hasta semifinales no ha sido sencillo, pero sí revelador. Su victoria ante Alex De Miñaur en cuartos de final fue, según el propio Alcaraz, uno de sus mejores partidos del torneo, tanto por nivel como por intensidad. Un encuentro que sitúa a la altura de otro gran duelo vivido ante Tommy Paul, y que confirma su crecimiento competitivo.
Más allá de los resultados, el número uno del mundo destaca un aspecto clave de su evolución: la regularidad. Durante la pretemporada trabajó especialmente la concentración y la capacidad de mantener el nivel punto a punto, evitando altibajos. Los frutos están a la vista. “Estoy muy orgulloso de la concentración que estoy teniendo durante todo el torneo”, reconoce.
Alcaraz también se muestra honesto al recordar que no empezó el año en su mejor versión. Le costó encontrarse cómodo en los primeros partidos, pero insiste en la importancia de persistir, empujar y confiar en el proceso. Hoy, con su primera semifinal en Melbourne ya asegurada, mira al futuro inmediato con ambición y serenidad.