La bofetada que más duele no es la que se da en la mejilla, sino la que se recibe en el alma. Este catalán independentista, desordenado, ojitranco y deslucido que se llama Junqueras y poco tiene de junco, intenta comprobar con su discurso si el resto de españoles somos tan ignorantes como él.
A más extravíos del Gobierno, más se aprovechan ellos de su debilidad para seguir impostando desventuras mientras llenan sus arcas a costa de los demás, que no sabemos ya dónde meternos para que no nos encuentren los esquilmadores.
Por una parte, Junqueras habla de los rodalies catalanes, advirtiendo a Sánchez de su “leve” despropósito. Pero nada más, porque “la continuidad es buena” y qué harían ellos si el Presidente decide, por milagro, su renuncia. Aznar comenzó regalándole dádivas al honorable, y éste les ha regalado Las Ramblas enteras, con las flores dentro y el mar a un paso, lleno de barcos y de regalías que necesitan ellos para sus embajadas y sus cortes de manga.
Sin Sánchez, sabe Junqueras que adelgazaría en sus ínfulas y no sería de buen ver que al mozo se le cayeran los pantalones.