España empieza a mirarse al espejo con más sinceridad cuando se habla de peso corporal. Un reciente estudio impulsado por el Grupo OPEN España refleja una realidad que va más allá de los números: más de la mitad de la población adulta reconoce tener kilos de más, una percepción que evidencia un cambio importante en la conciencia social sobre el sobrepeso y la obesidad. Aunque los datos son preocupantes, también abren la puerta a una conversación más honesta y necesaria sobre salud, bienestar y calidad de vida.
El estudio muestra que el 52,6 % de los españoles considera que pesa al menos cinco kilos por encima de lo recomendable. Este dato contrasta con investigaciones realizadas hace una década, cuando solo una minoría identificaba el exceso de peso como un problema de salud. Hoy, esa autoconciencia ha aumentado, y cada vez más personas reconocen que su peso no es el adecuado.
Sin embargo, esta mayor percepción no frena una realidad contundente: el 57,7 % de la población entre 18 y 65 años presenta sobrepeso, y dentro de ese grupo, casi una cuarta parte convive con obesidad. El llamado “peso normal” ha dejado de ser lo habitual y se ha convertido en una excepción. Este escenario sitúa al sobrepeso como un problema de salud pública de gran magnitud, con implicaciones que van mucho más allá de la estética.
El estudio también refleja que hombres y mujeres se perciben de forma muy similar, pese a que los datos objetivos indican mayor sobrepeso en los hombres. Esto demuestra que la percepción personal no siempre coincide con los indicadores médicos, pero sí señala una creciente preocupación compartida por ambos géneros, según Europa Press.
El exceso de peso no afecta a todos por igual. Los determinantes sociales juegan un papel clave: a menor nivel de ingresos y formación, mayor prevalencia de obesidad. En los tramos económicos más bajos, las cifras prácticamente se duplican, lo que pone sobre la mesa una desigualdad que no puede ignorarse. Además, las personas con obesidad severa presentan tasas más altas de desempleo y más bajas laborales, lo que refuerza un círculo difícil de romper.
Pero el impacto no es solo físico. Convivir con el sobrepeso afecta de forma directa a la autoestima, las emociones y las relaciones sociales. Sentimientos de tristeza, problemas de sueño y una sensación constante de tensión forman parte del día a día de muchas personas. Aun así, el apoyo psicológico sigue siendo escaso, pese a su importancia para abordar el problema de forma integral.
La mayoría de quienes deciden actuar lo hacen cuando aparecen molestias físicas o el miedo a futuros problemas de salud. Este dato subraya una realidad clara: para lograr cambios sostenibles, es imprescindible un enfoque que combine salud física, bienestar emocional y acompañamiento profesional, alejándose de soluciones rápidas y dietas fallidas.