Reducir la grasa en la sangre es uno de los grandes retos de la medicina actual, especialmente en un contexto donde las enfermedades metabólicas no dejan de crecer. Ahora, un equipo internacional de investigadores ha dado un paso prometedor con el desarrollo de un fármaco oral que actúa de forma precisa y podría abrir una nueva vía terapéutica para personas con niveles elevados de triglicéridos.
El avance llega de la mano de científicos de la Escuela Politécnica Federal de Lausana y de la compañía biotecnológica OrsoBio, cuyos resultados se han publicado en la revista Nature Medicine. El nuevo compuesto, llamado TLC-2716, se administra por vía oral y actúa de forma selectiva sobre el receptor X hepático (LXR) en el hígado y el intestino.
Este enfoque es clave. El receptor LXR está implicado en la regulación de los lípidos, pero bloquearlo de forma general puede afectar negativamente al colesterol “bueno”. En lugar de eso, TLC-2716 funciona como un agonista inverso, es decir, no solo bloquea el receptor, sino que provoca el efecto contrario al habitual. De esta manera, consigue reducir los triglicéridos sin interferir en los mecanismos protectores del colesterol.
Antes de llegar a los ensayos en personas, los investigadores analizaron grandes bases de datos genéticos humanos. Así identificaron que una mayor actividad del subtipo LXRa se relaciona directamente con niveles altos de grasa en sangre. Este vínculo causal se confirmó con técnicas avanzadas y permitió seleccionar el compuesto más prometedor para seguir adelante.
Tras los estudios iniciales en modelos animales y en tejidos hepáticos humanos cultivados en laboratorio, donde se observó una clara reducción de la grasa, la inflamación y la fibrosis, el fármaco dio el salto a los ensayos clínicos en humanos. Se trató de un estudio de fase 1, centrado principalmente en evaluar la seguridad y tolerabilidad del tratamiento.
Durante 14 días, adultos sanos recibieron una dosis diaria del medicamento. Los resultados fueron tranquilizadores en términos de seguridad, pero también sorprendentes por su eficacia. Con las dosis más altas, los triglicéridos descendieron hasta un 38,5 %, y el colesterol remanente tras las comidas se redujo hasta un 61 %. Todo ello sin que los participantes partieran de niveles especialmente altos ni tomaran otros fármacos.
Además, el tratamiento favoreció una eliminación más rápida de la grasa en sangre al reducir la actividad de proteínas que normalmente dificultan ese proceso. Al mismo tiempo, no se observaron efectos negativos sobre genes clave relacionados con el transporte saludable del colesterol.
Aunque todavía se necesitan estudios más amplios, estos primeros datos suponen una prueba de concepto sólida en humanos. Si los próximos ensayos confirman estos resultados, este nuevo tratamiento en pastilla podría convertirse en una herramienta complementaria y eficaz para combatir la hipertrigliceridemia y otros trastornos metabólicos. Un pequeño comprimido que, en el futuro, podría marcar una gran diferencia en la salud cardiovascular.