Deponer aptitudes es el más claro ejemplo en el giro de los acontecimientos para ocupar el nuevo espacio de la concertación. Disentir es una postura válida cuando en ella se envuelven las mejores intenciones. Sin embargo, tener un concepto claro de lo que ha de entenderse por buenas intenciones es el primer paso para conciliar, si lo apreciamos como el bien común, dentro del espíritu de justicia social. La sociedad grita desde el fondo de su esencia una desgarradora súplica por la salvación de sus hijos, por un encuentro de hermandad, por un sentido de respeto y por la tranquilidad de todos.
Mucha gente habla de paz y de sosiego, y plasma por escrito, en un lenguaje llano, la necesidad de mostrar la pureza de las intenciones; pero el estado de las cosas y la suspicacia general han producido un escepticismo que nos lleva a magnificar la desconfianza. La duda que embarga los corazones de todos al leer o escuchar la solícita súplica por la sinceridad de las palabras nos tiene expectantes, para ver cuajar el verbo en una realidad tangible de cambio profundo que atienda la fibra del aspecto humano y la urgencia de no autodestruirnos.
Ver en todas las cosas y acontecimientos reflejos de aspectos negativos para ponernos siempre en guardia, por la desconfianza de no creer en la esperanza, también desfigura la naturaleza racional del ser humano. Apuntaba Lester F. Ward que “el alma humana agregada al cuerpo semeja una nave, donde el instinto constituye la máquina motora, donde el sentimiento es el combustible, y el timón la inteligencia desde donde se dirige toda esa embarcación hacia la consecución de algo bueno y útil”.
La utilidad del alma humana es reflejo de sus propias hazañas, de su propia grandeza, y no son precisamente sentimientos subalternos los lunares que deben opacarla. Ella, el alma humana, es capaz de las más grandes proezas cuando la inteligencia del hombre se lo propone, cuando el sentimiento le impone la fuerza que precipita el encuentro fraterno.
“La paz no es la ausencia de conflictos, sino la presencia de la capacidad para manejarlos con equidad y respeto mutuo.” Immanuel Kant
Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor universitario