La ciencia avanza muchas veces mirando a lugares inesperados. En este caso, la inspiración llega desde algo tan cotidiano como las piezas LEGO. Un equipo de investigadores españoles ha desarrollado una innovadora estrategia para tratar tumores sólidos, especialmente el neuroblastoma, uno de los cánceres infantiles más complejos, combinando nanotecnología y terapia celular con un enfoque sorprendentemente sencillo y eficaz: hacer que las células “encajen” entre sí solo cuando deben hacerlo.
El neuroblastoma sigue siendo uno de los tumores con peor pronóstico en la infancia. Las terapias actuales, aunque avanzadas, tienen una limitación importante: no son lo suficientemente selectivas. Muchas veces atacan tanto a células sanas como a células tumorales, lo que reduce su eficacia y aumenta los efectos secundarios.
En el caso de las terapias celulares, el problema es aún más concreto. Las células inmunológicas administradas al paciente tienen dificultades para identificar con precisión a las células enfermas, ya que el entorno del tumor es muy heterogéneo. Diferenciar lo que hay que atacar de lo que no sigue siendo un enorme desafío.
Aquí es donde entra en juego el trabajo conjunto de la Universidad Politécnica de Madrid, el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús y el Instituto de Salud Carlos III. Su propuesta busca resolver este problema desde la raíz: mejorar el reconocimiento entre células.
La clave de esta estrategia está en el uso de moléculas “click”, también conocidas como moléculas tipo LEGO. Estas estructuras químicas solo se unen a su complemento exacto, como una llave con su cerradura. Gracias a ellas, los investigadores han conseguido “marcar” tanto a las células tumorales como a los macrófagos del propio paciente.
Cuando estos macrófagos modificados llegan al tumor, son capaces de reconocer de forma inequívoca a las células cancerosas y unirse a ellas, evitando errores. Este proceso se apoya en liposomas, pequeñas nanopartículas que no solo transportan estas moléculas de reconocimiento, sino que además pueden llevar fármacos en su interior para debilitar o destruir el tumor.
El resultado es una terapia más precisa, más eficaz y potencialmente menos agresiva. Al actuar solo donde es necesario, se podrían reducir las dosis de tratamiento y, con ello, los efectos secundarios.
Más allá del neuroblastoma, esta investigación abre la puerta a tratamientos personalizados para otros tipos de cáncer. Un enfoque modular, adaptable y prometedor que demuestra que, a veces, las ideas más poderosas nacen de conceptos simples.