El FC Barcelona volvió a demostrar su carácter competitivo y su ambición en las grandes citas. En una final intensa y cargada de emoción, el conjunto azulgrana se impuso por 3-2 al Real Madrid para alzarse con la Supercopa de España. El escenario volvió a ser Arabia Saudí, concretamente el King Abdullah Sports City Stadium, donde el Barça ya sabe lo que es celebrar títulos recientes.
El partido fue un reflejo de lo que significa un Clásico: ritmo alto, alternativas constantes y momentos de tensión hasta el último minuto. Más allá del resultado, la final dejó imágenes de liderazgo, calidad individual y resistencia colectiva, ingredientes que explican por qué el Barça vuelve a tocar metal.
Si hay un nombre propio en esta Supercopa, ese es el de Raphinha. El extremo brasileño firmó una actuación determinante, anotando dos goles que marcaron el inicio y el cierre del triunfo azulgrana. Su impacto fue mucho más allá de las cifras: intensidad, desborde y una confianza que contagió al resto del equipo, según Europa Press.
El Barça supo golpear en los momentos clave, aprovechando sus oportunidades con eficacia. Bajo la dirección de Hansi Flick, el equipo mostró una versión madura, capaz de gestionar ventajas y de no perder el orden incluso cuando el partido se volvió incómodo. La expulsión de Frenkie de Jong en el tramo final obligó a un esfuerzo defensivo extra, pero el bloque respondió con solidaridad y temple.
El Real Madrid lo intentó hasta el final, pero no encontró el contexto para una remontada heroica. El equipo dirigido por Xabi Alonso empujó en los últimos minutos, aunque se topó con un Barça bien plantado y mentalmente fuerte. No hubo épica blanca esta vez, sino la sensación de que el conjunto azulgrana supo leer mejor el partido.
Este título refuerza la idea de que el Barça sigue creciendo desde la competitividad y el compromiso colectivo. Ganar una final al eterno rival siempre tiene un valor especial, pero hacerlo mostrando personalidad, incluso en inferioridad numérica, multiplica el significado del triunfo. La Supercopa ya es azulgrana, y el mensaje es claro: el Barça quiere seguir siendo protagonista en todos los escenarios.