Morir para vivir

7 de enero de 2026
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Sinopsis: Un crudo retrato de la juventud atrapada en los márgenes de la exclusión social, donde el desamparo y la falta de horizontes conducen a decisiones necróticas. El autor hace un llamamiento a la solidaridad y al compromiso institucional para rescatar la dignidad de quienes han sido arrojados a la periferia de la vida.

«No hay mayor pobreza que la del espíritu que se rinde antes de haber florecido, ni mayor ceguera que la de una sociedad que ignora el abismo de sus jóvenes.» — Doctor Crisanto Gregorio León

Al ver las oportunidades que la vida le ha dado a mucha gente, entre las que cuenta poder tener la elección de hacer con su existencia lo que desee, sea o no acertada esa deliberación, parte el alma el contrastante. Cuando nos percatamos de que cualesquiera hayan sido las circunstancias entre quienes, pudiendo optar por el mejor camino, no obstante las adversidades, han preferido tomar aquel que han evaluado como el más cómodo o el más fácil, pero el más cercano a la muerte.

Múltiples han de haber sido las causas que generan conductas tan necróticas: tales como la pobreza y la marginalidad, desencadenantes del hambre, la miseria, el hacinamiento, la falta de educación, poca autoestima, los maltratos, la delincuencia y hasta el miedo. En la realidad de las grandes urbes de España, esta exclusión se manifiesta en las periferias donde los jóvenes deambulan por las calles vendiendo sus cuerpos y envileciendo su espíritu; la mirada atrevida, pero inocente, de quien ciertamente cree saber lo que hace cuando son otros los que, sabiendo lo que hacen, purgan la inocencia vendida a tan miserable precio.

Hermanas, hijas que sostienen el hogar, jóvenes víctimas del machismo, impúberes engañadas, presas fáciles de la irresponsabilidad; así como muchachos desorientados arrastrando una secuela de desprotección y falta de referentes que, en conjunto, no han gozado de la libertad que les brindaría el conocimiento exacto y la dimensión precisa del daño que están haciendo a sus cuerpos y a su alma. Hablemos con ellos, aconsejémoslos; y si es posible, que sientan el calor del afecto y del desinterés humano mediante gestos de comprensión, ofreciéndoles una ayuda, una mano y hasta la certeza segura de podernos llamar cuando así lo necesiten. Estemos prestos a hacer cuanto a nuestro alcance esté para disuadirlos de no continuar corriendo el riesgo de tener que morir para vivir.

«Rescatar a un joven del margen de la vida es devolverle a la nación un pedazo de su propia esperanza.»Doctor Crisanto Gregorio León

Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario

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