La artritis reumatoide puede no comenzar con dolor e iniciar en silencio. Nuevas evidencias muestran que la enfermedad altera el sistema inmunitario mucho antes de que aparezca la primera inflamación articular.
Un estudio innovador publicado en Immunity recogido por El Excelsior, revela que los cambios sutiles en el comportamiento inmunológico pueden comenzar años antes de los primeros síntomas clínicos. Esto modifica la comprensión actual sobre la detección temprana y la prevención, y abre la puerta a identificar a personas en riesgo antes de que el daño articular sea irreversible.
Investigadores del Campus Médico Anschutz de la Universidad de Colorado, junto a expertos internacionales en inmunología, analizaron muestras de sangre y marcadores inmunes de individuos predispuestos a la AR, pero aún sin síntomas. Los resultados fueron sorprendentes, ya que las células inmunes, incluidos linfocitos B y T, mostraron comportamientos anormales hasta una década antes de cualquier dolor, inflamación o señal clínica.
En estos individuos preclínicos se detectó actividad elevada de citocinas, producción alterada de anticuerpos y cambios en la memoria inmunológica típicos de la AR desarrollada. Estos hallazgos sugieren que la enfermedad comienza como un trastorno inmunológico sistémico y no únicamente como un problema articular, lo que cuestiona supuestos clínicos de larga data.
Aunque la artritis reumatoide es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca los tejidos articulares. Provoca inflamación crónica, dolor y, sin tratamiento adecuado, deformidad permanente. La Clínica Mayo señala que los síntomas clásicos como hinchazón, rigidez y fatiga, aparecen cuando el daño ya ha comenzado bajo la superficie. Por eso esta investigación resulta tan urgente. Cuando los síntomas son visibles, el deterioro articular puede estar avanzado.
Sin embargo, la causa exacta sigue siendo multifactorial. El estudio aporta claridad al concepto de preparación inmunitaria: un proceso en el que factores genéticos, ambientales y microbianos reprograman silenciosamente el sistema inmune. Entre los desencadenantes investigados se incluyen variantes genéticas como HLA-DR4, infecciones o disbiosis intestinal, exposición a tóxicos como el polvo de sílice, tabaquismo y fluctuaciones hormonales, especialmente en mujeres. Y la desregulación inmunológica parece comenzar a nivel sistémico y permanecer latente hasta que un detonante desconocido activa la enfermedad.
Pero los avances en biomarcadores permiten analizar anticuerpos anti-CCP, factor reumatoide y citocinas inflamatorias en personas con riesgo elevado, incluso si se sienten sanas. Esto podría marcar el inicio de una era de detección predictiva de la AR, especialmente para quienes tienen antecedentes familiares o cambios inmunológicos discretos.
Asimismo, la detección temprana podría transformar el enfoque terapéutico. El objetivo dejaría de ser controlar el daño y pasaría a modular el sistema inmunitario antes de que el daño ocurra. Los expertos prevén inmunoterapia preventiva, intervenciones en el estilo de vida para personas de alto riesgo, como dietas antiinflamatorias, abandono del tabaco o apoyo al microbioma intestinal; y planes de monitoreo específicos para quienes presentan anticuerpos sin síntomas, de forma similar al control de la glucosa en prediabéticos.
La autora principal, la Dra. Tracy Harwood, resume el potencial del hallazgo:
«Finalmente podremos tratar la artritis reumatoide antes de que se convierta en artritis reumatoide»
A veces la enfermedad se instala en silencio, mucho antes del desastre. Esta investigación obliga a replantear qué significa sentirse ‘saludable‘. También aporta esperanza de prevenir la AR antes de que destruya las articulaciones. Pero la prevención comienza por la conciencia de hacer las preguntas correctas a tiempo.
Si tiene antecedentes familiares o presenta fatiga, rigidez o inflamación inexplicable, consulte con un reumatólogo. No para temer lo que pueda venir, sino para tomar control de lo que aún puede prevenirse.