La esgrima de la palabra y la integridad del profesional ante el agravio

9 de junio de 2026
3 minutos de lectura

«El respeto es la base de la convivencia social y la marca de quienes entienden que, en el duelo de las ideas, es la razón y no el agravio la que debe prevalecer.» —Miguel de Unamuno

La ética del respeto en el ejercicio intelectual

La praxis profesional y académica exige no solo el dominio de una disciplina, sino la templanza necesaria para convivir en la diversidad de criterios. En los espacios de intercambio intelectual y gremial, debería imperar una cultura de diálogo que honre la formación y la trayectoria que cada individuo aporta al colectivo. Sin embargo, en la contemporaneidad, observamos con preocupación cómo la descalificación peyorativa ha desplazado al debate constructivo, convirtiendo lugares de encuentro en arenas de fricción innecesaria.

La psicología forense, al igual que el derecho, demanda una mirada lúcida sobre la conducta humana. Cuando un profesional, amparado en su rigurosa formación académica y en el ejercicio de una larga trayectoria, extiende sus conocimientos como un aporte desinteresado, lo hace bajo la premisa de la sinergia gremial. Resulta, por tanto, una anomalía social que la respuesta ante tal contribución sea el desprecio o la falta de dignidad, pues el saber debe ser el puente que fortalezca el tejido profesional.

El verdadero ejercicio de la autoridad, ya sea en la cátedra o en el tribunal, se manifiesta en la forma en que tratamos al prójimo, especialmente al visitante o al par con el que discrepamos. Quien recurre a la ofensa ante la incapacidad de sostener un debate culto, se desdibuja a sí mismo y compromete la imagen de la institución que representa.

La esgrima de las ideas no se gana con la estocada del insulto, sino con la elegancia del argumento sólido y el respeto inquebrantable a la investidura ajena. En última instancia, la manera en que un profesional reacciona ante la voz del otro es el espejo más fiel de su propia educación y de su verdadero compromiso con la excelencia.

No te enojes

No te enojes, no vale la pena, cuando alguien ponga una piedra en tu camino. Quizás puedas sortearla. El malintencionado se sentirá defraudado, en ridículo, ante la aviesa intención puesta de manifiesto.

Quizás tu pie sangre al tropezar con ella. ¡No importa! Restaña la sangre con paciencia y sigue tu camino sin encono, sin buscar desquite. La maldad es hija de la incultura y el inculto no merece nuestro encono. Merece nuestra piedad e indiferencia.

¿Quién no recibió alguna vez sobre su carne el duro golpe que asestó la injusticia? Piensa en lo cómodo que es no ser quien lo cometiera. Ser justo es una de las múltiples formas de ser bueno – quizás la mejor y más perfecta – y es cómodo y es llano y es muelle el camino de quien es justo. Día llegará, no lo dudes, en que «el otro» tendrá que inclinar la frente bajo el peso de la vergüenza.

Si sabes que alguien murmuró de ti, te difamó, te calumnió, no te enojes. Mira hacia atrás, piensa si existió motivo, si diste ocasión para el daño que hoy te alcanza. ¿Hay paz dentro de ti? Entonces, no importa, no debes sentirte ni herido ni deslucido.

Quien esgrime el mal está esgrimiendo un arma que ha de volverse contra su autor, un día cualquiera, ¡qué importa cuando! y en tanto ese día llegue no te encones ni te impacientes con quien dio la dentellada. Tú estás en paz contigo, con tu conciencia, te sientes limpio a pesar del lodo con que intentaron salpicarte. ¿Qué más hace falta para sentir hondo la alegría de vivir?, ¿Quién no encontró indiferencia donde sembró cariño, ternura, amor?

La cosecha fue mala siendo buena la semilla, porque en tierra árida nada puede fructificar. No derrames sobre ello una sola lágrima, no permitas que quede en el corazón cicatriz. ! No vale la pena! , ríe, es mejor, ríe una y otra vez. Asomado a tu puerta o acodado a tu balcón deja pasar la ofensa, la injusticia, el desamor. Míralos sin verlos, como se mira pasar la colmena humana desconocida e indiferente. Ríe y espera. Quien comete daño contrae una deuda con la vida y la vida – no lo dudes – no perdona jamás, cobra siempre inexorablemente y con crecidos intereses cuanto se le debe.

«La libertad de expresión es la base de la democracia, pero la cortesía es la base de la civilización.» —Mario Vargas Llosa

Doctor Crisanto Gregorio León
Profesor Universitario

2 Comments Responder

  1. Sabía exposición. El argumento impuesto por la fuerza no vence la voluntad del contrario. El enojo para suplir las carencias no nos hace más sabios. Interesante artículo, como todos, del Dr. Crisanto.

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